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Como un monumento a la improvisación, una muestra del surrealismo mexicano o como una muestra tangible de cómo se desperdicia el dinero público, el Puente sin Fin -imponente construcción que vuela sobre una cañada hasta truncar su recorrido en tierra de nadie- con el tiempo se convirtió en parada obligada de turistas.

El Puente Apatlaco, nombre oficial de la construcción, quedó señalando al lugar en donde se construirían 4 mil casas en 2011 durante el sexenio de Felipe Calderón, con el impulso del gobernador de aquel entonces Graco Ramírez. Se trataba de crear un polo de desarrollo inmobiliario que interconectaría a la capital del estado con su vecino Temixco y ahorraría por lo menos veinte minutos en el trayecto.

El proyecto se basaba en la participación de la IP, entonces encabezada por el consorcio inmobiliario Casas Geo que emprendió la aventura y que, por diversas razones, se desistió cuando el puente -vialidad necesaria incluso para hacer llegar al otro lado maquinaria y material para la construcción del desarrollo- ya llevaba un 30 por ciento de avance y se habían invertido algo así como 600 millones de pesos.

El proyecto entró en una pausa que terminó por dotar al puente de un nuevo nombre y se unió al rosario de cuestionadas obras de aquel sexenio, como la Estela de Luz -o la “Suavicrema” como le dicen los chilangos- el Ceferseso 11 en Hermosillo de 2012 –“la cárcel más grande del mundo”- o la Presa Picachos en Sinaloa inaugurada inconclusa, sin permisos no consensos de los productores y a unos días de que Calderón dejara la silla presidencial; obras que, o no cumplieron con las expectativas o fueron hechas sobre la marcha y siempre con presupuestos cada vez más abultados.

Pero el Puente Apatlaco no era tan mala idea: mejorar la comunicación entre centros urbanos propicia el desarrollo económico y crear un polo habitacional permitiría desahogar la demanda que impulsa el encarecimiento de la vivienda en la zona aunque, desde luego, hay voces que opinan lo contrario pues un centro habitacional de miles de nuevas viviendas podría generar mayor tensión ambiental en la que figura en primerísimo lugar la dotación de servicios y de agua.

Pero el Puente sin Fin quedó apuntando hacia las malas decisiones de gobiernos federales y estatales hasta que en enero del 2023 el presidente Andrés Manuel López Obrador visitó nuestro estado y se comprometió a concluir dicha obra. “Quiero decir a la gente de Temixco que ya estamos trabajando para que el puente fantasma deje de serlo, ya tengo el informe de un acuerdo del Infonavit con Banorte, se va a urbanizar esa zona, ese lado del puente que da a Temixco, se van a hacer las calles y garantizar la comunicación”, fue la promesa presidencial.

Y ayer la gobernadora electa, acompañada por el edil de Cuernavaca y la presidenta municipal de Temixco, reconoció la obra cuyos alcances se han moderado: de 4 mil casas, se disminuyó la cantidad a 2 mil. En el desarrollo inmobiliario se contará con espacios verdes y lugares de esparcimiento y para el deporte y, desde luego, el Apatlaco por fin llevará a alguna parte. Es una importante obra que, dados los antecedentes de abandono y negligencia, puede marcar la administración estatal.

Parece ser que ahora sí va en serio y hay que aprovechar e ir a tomar fotos al Puente sin Fin antes de que deje de serlo.