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Ictus Danza (Segunda parte)

 

El más reciente programa de Ictus Danza lleva por nombre Espectros y está compuesto de tres obras. La primera se llama “Mi alma” y es una coreografía de Beatriz Dávila interpretada por ella misma y Vladimir Kémpiz, tiene música original de Rodrigo Gallegos (recomiendo ampliamente que vayan a cualquier plataforma musical y lo busquen como Rod Ziq, su música es absolutamente delirante y fabulosa) e incluye en su estructura surreal un fragmento de un poema mío de un libro inédito que se titula El incendio de las flores. El poema habla sobre la incapacidad de definir los límites entre las emociones, el mundo y el cuerpo. También es un texto que propone la reescritura de la poesía, y es que a partir de versos icónicos, invito a decir las mismas cosas de otra forma. Además de sentir un profundo honor, siempre he tenido curiosidad de saber qué significado o interpretación le dio Dávila y qué la llevó a incluirlo en su extraordinario trabajo. Otro aspecto interesante de esta pieza es que se ha presentado en varias ocasiones y ninguna ha sido igual, ninguna presentación escénica lo es nunca, pero me refiero a cambios radicales, adiciones y pequeños gestos que la mantienen viva y en constante transformación.

Las otras dos piezas son ideas originales de Gerardo Sánchez. La primera, “Espectro Visible”, es de una absoluta belleza y fuerza. A través de juegos de luz, sombras y movimiento se retrata una intensa relación entre dos hombres. La coreografía recorre como Historias de amor de Julia Kristeva o como Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes, los diferentes estadios de una relación amorosa. Primero, la ternura, más adelante la inevitable violencia, la manipulación, los juegos de poder. Por último, “El Fraude” (que estrenaron en su breve temporada en F4), que toma la música del Barbero de Sevilla para dar vida a una hilarante sesión espiritista, una práctica del siglo XIX y XX en la que se invocaba a los muertos.

Creo que este programa condensa de cierta manera la propuesta creativa de Ictus Danza. Piezas coreográficas que pueden ser un despliegue de capacidades técnicas, corporalidad, expresión escénica, aprovechamiento de recursos de producción (luces, escenario, música, atmósferas). Sus piezas pueden lo mismo conmover hasta las lágrimas, que provocar risas y cuestionamientos.

Toda esta exploración de fondo y forma quedaría estéril de no hallar eco en los intérpretes, en la fuerza gentil de Beto Mora o en la estilización hermosa de Fer Simental o en la presencia avasalladora de Beatriz Pantle o en la precisión desbordada de Hiro o en la deslumbrante fiereza de Maco Viveros o la magnitud deslumbrante de Jairo Ortiz o la disciplinada libertad que proyecta Vladimir Kémpiz. En sus cuerpos, su gesticulación, su manera de vivir la danza, es que estas obras cobran un ímpetu vivo y armonioso.

Para mí Ictus Danza es un proyecto que asume llevar las cosas al límite, explorar hasta las últimas consecuencias, pero lo hace con un lenguaje que incluso aquellos ajenos a la danza contemporánea puede entender e identificarse. Es un proyecto que abiertamente invita al diálogo, al reconocimiento y a la comunión de cuerpos, textos, movimiento y pasión.

Ictus Danza foto: Devora Rodríguez©