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La maternidad temprana es un problema nacional, y su incidencia retrata principalmente la falta de un ambiente seguro para el desarrollo de niñas y adolescentes en amplios sectores de nuestra sociedad.

Es un problema multifacético con graves implicaciones para la salud, la educación y el bienestar de las jóvenes madres y sus hijos. Abordar este problema requiere un enfoque integral que incluya educación, acceso a servicios de salud y apoyo emocional para garantizar que las adolescentes tengan la oportunidad de alcanzar su máximo potencial y tener un futuro saludable y exitoso.

La secretaria general del Consejo Nacional de Población (CONAPO), Gabriela Rodríguez Ramírez, visitó nuestro estado para participar en la “Feria de las Juventudes por la Prevención del Embarazo en Adolescentes”, y nos informó de una situación que, no por presentarse a todo lo largo del país, deja de ser preocupante para nuestro estado.

“En Morelos, durante el 2022, un total de 139 niñas se convirtieron en madres el año pasado. Estamos hablando de menores de 15 años” dijo y expuso que esta situación puede tener diversas explicaciones, pero que el abuso sexual es la principal de ellas, “no debería haber ninguna niña siendo madre, ¿qué estamos haciendo al respecto?”, se preguntó.

De hecho, dijo la funcionaria, en comparación con otras entidades, Morelos no está “tan mal” en cuanto a este problema: “solo” hay 53 nacimientos por cada mil adolescentes, lo que es la tasa más baja en el país.

Sin embargo, un solo caso es ya suficiente para que sea un problema para varias familias e individuos morelenses, si se consideran las repercusiones que este fenómeno tiene de manera inmediata en las vidas de la madre y de su bebé, quienes serán los primeros afectados, pero no son los únicos pues éste es un problema genuinamente social.

Los embarazos antes de tiempo tienen repercusiones significativas en la salud de las jóvenes madres y sus hijos. Las menores embarazadas enfrentan un mayor riesgo de complicaciones médicas durante el embarazo y el parto. Además, los bebés nacidos de ellas tienen un mayor riesgo de nacer prematuramente o con bajo peso al nacer, lo que puede afectar su salud a largo plazo.

El embarazo en la adolescencia o en la niñez a menudo interrumpe la educación de las jóvenes madres, lo que puede limitar sus oportunidades futuras. La falta de acceso a una educación adecuada puede perpetuar el ciclo de la pobreza y reducir las posibilidades de obtener empleos bien remunerados en el futuro.

Además, las jóvenes embarazadas pueden enfrentar estigmatización y discriminación por parte de la sociedad. También pueden sentirse socialmente aisladas y enfrentar desafíos emocionales debido a la presión y la responsabilidad de criar a un hijo a una edad temprana. Y todo lo anterior cuando la personalidad de las jóvenes madres aún está en desarrollo.

En efecto, tenemos un problema que debemos enfrentar entre todos, como se deben abordar los problemas sociales: con planes y programas desde el gobierno y con una mejor educación desde la sociedad. Se deben atacar las causas y, desde luego, este fenómeno debe entrar en la consideración de modificaciones en la ley cuando se habla de la regulación del aborto. Aunque sea un tema incómodo, no va a desaparecer si solo volteamos para otro lado.