El Deseo del Analista

Hace poco tiempo me enfrenté a una gran dificultad en mi práctica clínica, y, por primera vez, me cuestioné si realmente quería dedicarme al psicoanálisis. No fue una pregunta sencilla de plantear. Tan pronto como empecé a dudar, intentaba convencerme a toda costa que esa pregunta ni siquiera venía a cuento, ¡es claro que sí! Yo decidí este camino, y no veo por qué tendría que cambiarlo ahora…

Sin embargo, la pregunta persistió, e impuso su inexorable determinación. No había manera de eludirla ni pasarla por alto. Además, sé bien que lo menos que cabe esperar de un psicoanalista es que se escuche a sí mismo. Entonces, ¿realmente quería dedicarme al psicoanálisis?

Compartí esta duda con mi mejor amiga —quien también practica el psicoanálisis— y supe entonces que la pregunta rondaba también su cabeza: quizá nos gustaría dedicarnos a otras cosas y no nada más al psicoanálisis; o tal vez quisiéramos tomarnos un mes completo de vacaciones, cosa que difícilmente podríamos hacer si atendemos pacientes. Aunque no llegamos a ninguna conclusión, fue un alivio para mí saber que no estoy solo en estas dudas.

Naturalmente, se volvió imprescindible llevar esta duda a diván, y plantearla en mi propio psicoanálisis. Argumenté que era más fácil haber elegido cualquier carrera práctica que, aunque también tienen sus dificultades, no lidia con la subjetividad de cada persona, y lo complicado que eso resulta. Fue mi psicoanalista quien en una intervención tan sencilla y compleja como la pregunta, planteó la pertinencia de pensar por qué es que quiero ocupar el lugar de analista…

Vino entonces a mi recuerdo el postulado de Lacan: el analista como analizado. Es decir, como producto de un análisis. La segunda regla fundamental del psicoanálisis propuesta por Sándor Ferenczi: «quien desee analizar a los demás debe —por fuerza— primero ser él mismo analizado».

No es que no importe el saber, no es que no importe el estudio. Importa, claro. Pero para Lacan, más importante aún es llevar a fin un psicoanálisis, con todo lo que ello implica (incluso, dudar si queremos dedicarnos al psicoanálisis o no). El deseo del analista es un invento de Lacan que «permite entender no sólo que haya quienes deciden finalmente no analizar (o dejar de analizar, si lo estaban haciendo) a pesar de suponerlo decidido antes de iniciar su análisis; sino algo considerado esotérico por algunos: que alguien que no consideraba dedicarse al psicoanálisis termine haciéndolo al finalizar su análisis personal».

El deseo del analista, también, pone sobre la mesa la pertinencia de que «más allá —como decía Lacan— de querer arrojar a alguien por la ventana o de estrecharlo entre sus brazos —más allá de eso— que prime el deseo de analizar». Se trata, entonces, de que el deseo de analizar sobrepase cualquier otra consideración. Como se ve, no es sencillo. Pero tampoco es una exigencia que urja. Como dije: lo mínimo que puede esperarse de un psicoanalista es que se escuche a sí mismo, y que se atreva a cuestionarse. En esas estamos.

*Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Contacto: freudconcafe@gmail.com