Las zonas arqueológicas de Morelos, principalmente el Tepozteco y Xochicalco, y los museos establecidos en edificios coloniales de imponente arquitectura, como el Palacio de Cortés y el exconvento de Tepoztlán, representan una buena parte del patrimonio cultural del estado que ha sobrevivido a la historia y toda suerte de catástrofes, las más recientes, un terremoto y una pandemia.

Ese patrimonio histórico ha sido suficiente para que, a pesar de una bastante mediocre política estatal de atracción turística, Morelos tenga una oferta turística mucho más importante que su clima. A principios de este siglo, sólo las zonas arqueológicas y museos de Morelos tenían una afluencia superior al millón de visitantes (el récord se impuso en 2004 con casi un millón setecientos mil asistentes). El cierre de centros históricos y culturales de Morelos después del sismo del 2017 y la pandemia provocaron una caída enorme en la afluencia turística que se resintió en la asistencia a los sitios administrados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

En 2020 y 2021, el Centro INAH Morelos tuvo su registro más bajo de visitantes, en los dos años tuvieron menos de un cuarto de millón de asistentes: varios museos y zonas arqueológicas seguían cerrados a la espera de la reconstrucción después del sismo, y la pandemia cerró el resto durante casi un año. Pero el descenso en el número de asistentes era una tendencia evidente desde 2011, de más de un millón de visitantes en promedio en los ciclos anteriores, se registraron menos de 855 mil ese año. Desde ese año, la caída fue evidente, y si bien en el 2016 parecía haber una recuperación, en parte gracias a una agresiva política de atracción turística a través de grandes eventos; lo cierto es que aún entonces la asistencia de casi 740 mil visitantes a museos y zonas arqueológicas representaba menos de la mitad que en el 2004.

El deterioro en la infraestructura carretera, pero mucho más la escalada de violencia y crímenes que ha padecido Morelos desde hace dos décadas han provocado la caída en la afluencia turística que parece irrecuperable pese a los esfuerzos de promoción que el INAH y los particulares hacen de los atractivos turísticos de Morelos.

El gobierno estatal ha fallado no solo en la promoción de los indudables atractivos que tiene Morelos, sino también en generar las condiciones de seguridad y movilidad que requieren los visitantes, y los morelenses. La recuperación postpandemia del sector turismo es insuficiente para regresar a los niveles de la primera década del siglo, pese a los esfuerzos que los particulares y el INAH han hecho por modernizar la oferta para comodidad de los visitantes. Curiosamente, los problemas para el turismo morelense no están en ese sector sino en los directamente asociados con él: la seguridad y la infraestructura, ambas responsabilidades del gobierno estatal y en las que bastante poco pueden influir los prestadores de servicios turísticos.

El nuevo gobierno no requerirá tanto un programa de atracción turística como el urgente de seguridad y rehabilitación de las comunicaciones.