Francisco Moreno

Un miércoles hace más de cuatro años la plana mayor de funcionarios del sector cultural del estado de Morelos, incluyendo al entonces gobernador Graco Ramírez, inauguraba de manera precipitada un museo en Cuernavaca. El final de su gestión y la veda electoral les pisaba los talones y había que dar el banderazo de salida a uno de los grandes proyectos del gobierno morelense del periodo 2012-2018, me refiero a la construcción del Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano (MMAC), la cual tomó más tiempo del previsto, pues si bien se tenía planeado inaugurarlo en el segundo semestre del 2016, no fue sino hasta el primer trimestre del 2018 cuando esto se logró. No debemos olvidar que en política las promesas son solo artificios que siempre encontrarán justificaciones para modificarse o incluso desvanecerse.
Hacer obras faraónicas para dejar testimonio de presidentes y gobernadores suele acarrear acciones precipitadas, y eso parece haber sucedido en el proyecto del MMAC. Debo señalar que los recursos proyectados para su ejecución rebasaron la expectativa inicial, pues de 120 millones que en principio se calcularon, el costo general para terminarlo alcanzó la cifra de 300 millones, 200 que puso el gobierno federal y 100 el estatal.
Por su parte, la entonces secretaria de Cultura, Cristina Faesler, realizó un esfuerzo descomunal para lograr tan ardua tarea, y, para hacerlo contrató a expertos en museos, colecciones y curaduría, como Alejandra de la Paz y Andrea Torreblanca, mujeres con probada trayectoria en el sector cultural. La primera fungió como coordinadora del plan museológico y la segunda como parte sustantiva del mismo.
Así, y ya en la recta final, a punto de abrir este espacio y concluir la gestión de Ramírez, De la Paz fue nombrada primera directora del museo, por un periodo que no rebasó los cuatro meses. Cedió la estafeta a la segunda, quien por desgracia duró menos de dos meses en el cargo. Reconozco que estas dos titulares hicieron propuestas enriquecedoras y valiosas, sin embargo, y por la coyuntura de trasmisión de poderes ya se perfilaban las características que definirían a este museo: inestabilidad y desaciertos.
Con evidentes tintes de control político, el nuevo gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, nombró a Carolina Dubernard como titular del recinto. La política por encima del desarrollo de la cultura. Las propias cartas credenciales de la nueva directora daban cuenta de su inexperiencia en el sector, ya que su cargo anterior había sido como directora de control de fauna del ayuntamiento de Cuernavaca. ¿Será que la población de Morelos fue considerada parte de esa fauna?
De octubre del 2018 al segundo semestre del 2022 quedó demostrada la falta de pericia y visión de Dubernard, pues nombró curadores y en puestos sustantivos del recinto a gente sin experiencia. Solo el periodo en que Guillermo Santamarina ejerció como curador en jefe resultó un respiro esperanzador, ya que él presentó propuestas expositivas interesantes. Lamentablemente su figura fue cercenada con opacidad, y con el argumento de falta de recursos.
Meses después, y ya con una significativa presión ciudadana y un cúmulo de evidencias sobre los malos usos del espacio por parte de Dubernard, el gobernador le marcó una falta grave en el terreno de juego que ameritó tarjeta roja.
Las altas expectativas que tantas veces se expresaron sobre el museo fueron olvidadas y jamás han vuelto a acercarse a puerto. El MMAC navega sin brújula y el faro cada vez se ve más lejos. El museo ha sido y es una embarcación a la deriva, con desperfectos, y no cuenta con un capitán competente que la dirija y evite que encalle.
A 24 meses de que la presente administración gubernamental concluya, en septiembre pasado, la señora Helena González asumió la dirección. Es la cuarta titular del museo, y por sus alocuciones y planteamientos es evidente que aún no hay esperanza. Recibió el museo en charola de plata, pues le corresponde inaugurar una exposición acordada previamente (Cauduro no es un Cauduro).
El trasiego que ha experimentado este museo exige sea auditado y se rinda un informe puntual sobre sus cuentas y el trabajo realizado. Debemos saber por qué de los 25 millones de pesos de presupuesto anual que se le habían asignado en 2018, para el próximo 2023 solo tendrá 11, y de esos, 9 están etiquetados para cubrir los sueldos del personal.
Hace unos días, pasé a ver la exposición de Cauduro, y en un gesto de diplomacia cultural quise saludar a la señora González. Mi sorpresa no fue menor, cuando al preguntar por ella me indicaron que hace más de dos o tres semanas presentó su renuncia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *