Tan solo el martes pasado publicamos en estas páginas el reporte basado en un video en el que se aprecia a integrantes de la Guardia Nacional negociando con un grupo de talamontes en lugar de detenerlos. Aquel video fue grabado en la zona de Topilejo, en la Ciudad de México, aunque en un área federal protegida que comparte el estado de Morelos.

Se trata de un video incómodo en muchos sentidos y niveles, lo más dramático fue atestiguar una triste actuación de quienes tienen la obligación de hacer prevalecer la ley y combatir los ilícitos.

Ayer la Guardia Nacional, ya en Huitzilac, detuvo a dos personas que transportaban madera y que no pudieron comprobar su procedencia legítima. Estos individuos fueron identificados como policías del municipio.

Según se informó, también resulta que ambos policías habían hostilizado las labores de la Guardia Nacional en la zona.

Indudablemente debemos congratularnos de que la GN haga su trabajo y que, en alguna medida, se frene la tala ilegal y la comercialización de los bienes naturales que extrañaremos en algún momento en el futuro.

Lo malo de este evento es que se confirma, de nuevo, que quienes deberían proteger los bosques están dispuestos a sacrificarlos en aras de su beneficio personal.

Si en Huitzilac la policía comercia con madera ilegal, no puede haber garantía alguna que los talamontes no acaben con el bosque y que los aserradores ilegales sean clausurados algún día. Salvando las proporciones, es lo mismo que atestiguamos en Topilejo.

La deforestación es un grave problema y ya estamos sufriendo las consecuencias de este descuido. Pero lo más grave es que no hay quien haga respetar la ley, que veamos con nuestros propios ojos que, ya sea por necesidad, por codicia o corrupción, como se erosiona la confianza en los agentes del orden, aquellos que pueden portar legalmente armas y a quienes el Estado les ha conferido la responsabilidad de proteger a la sociedad y de combatir los actos que vayan en contra de su seguridad. Y no está de más recordar que el Estado, con mayúscula, lo conformamos todos.

La confianza no se va a recuperar con discursos o campañas publicitarias, lo que pasó en Topilejo y ahora en Huitzilac amerita una revisión completa, tanto de la forma de operar de nuestros cuerpos de seguridad, como de quienes los conforman. Aunque suene trillado, debemos buscar la forma de vigilar a los vigilantes.