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Resistencias de la vida comunitaria

 

Las festividades, a través de sus mitologías y sus rituales, el goce que ellas producen, son un vehículo para comprender la vida y verdad íntima de los pueblos, su consciencia y su corazón. La fiesta, que lo mismo puede ser sagrada o profana, ecléctica y herética, ortodoxa o heterodoxa, sincrética al fin, es acto de resistencia, porque desde la tradición se rebela contra toda forma de temporalidad. Ella misma es una temporalidad que se abre en medio del tiempo cronometrado económicamente por el capital. La fiesta es goce, porque es libertad.

La Rueda de San Miguel, Encuentro Nacional de Corridistas, que se lleva a cabo en Yautepec desde 2016, es una de esas expresiones que constituyen una fiesta de la identidad. Ese año, la familia Rubio Zavala se dio a la tarea de restaurar la tradición del corrido suriano. Desde El Dichoso Lugar, espacio para la Cultura y la Tradición, así con mayúsculas como ellos lo escriben y reivindican, abrieron una ventana al tiempo para que desde ahí se volvieran a escuchar las historias que se cuentan y se cantan, narraciones populares que tratan de hechos y personajes, de historias que pueblan la memoria colectiva, que siempre se resiste contra el olvido.

Desde hace algunos años, el maestro Andrés Rubio Zavala se ha convertido en un activo y comprometido promotor del corrido suriano, de su estudio y difusión. Es músico de cepa, nieto, hijo, sobrino y hermano de músicos y cantantes. Alienta que siendo laudero de las nuevas generaciones y de músicos se haya avocado a la elaboración artesanal del Bajoquinto, ese instrumento que por estas tierras ya algunas personas llaman guitarrón.

Como lo manifiestan Andrés y su mamá, la maestra Rocío Zavala, las Ruedas de Corrideros son una convivencia entre los “jilgueros y cardenales”, hombres y mujeres provenientes de diversas comunidades de Morelos y otros estados de la República Mexicana como Guerrero, Puebla, Estado de México y Michoacán. Ahí, en torno a la rueda, se abre espacio la amistad, la hermandad, en donde familiares y amistades concurren para reconocerse parte de una tradición, el corrido del sur.

A la Rueda, rueda de San Miguel todas y todos son bienvenidos para gozar escuchando las historias que se cantan acompañadas del Bajoquinto o la guitarra, o platicar mientras se degusta lo que ofrece el anfitrión. En la comida elopozole, mezcla granos de elote y trigo, con una base de consomé de pollo, res o cerdo, o las tres, poderoso potaje al que se le agrega salsa de chile guajillo, y pericón, para honrar a Xilonen, diosa del maíz, y a Yauhqueme, tlaloque del oeste, o a Yautecatl, uno de los cuatrocientos conejos, hijo de Mayahuel, diosa del pulque, bebida que también se bebe en esa ocasión, al igual que mezcal y cerveza artesanal.

Fiestas y tradiciones como la Rueda de San Miguel parecen decirnos que siempre somos una herencia, un legado, una tradición, esa que nos revela de manera poderosa lo que somos, no de manera individual o fragmentada, sino como comunidad, una totalidad en el devenir de los tiempos.

En Morelos existen más de cinco mil expresiones del patrimonio inmaterial asociados a la diversidad cultural y la religiosidad popular. Esto de acuerdo con diversas conjeturas a que han sido inferencias, publicadas o dichas por cronistas, historiadores, sociólogos, antropólogos, entre ellos Mery Bluno Requejo (ƚ), Arturo Warman(ƚ), Pedro Villazana(ƚ) Miguel Morayta, Antonio García de León, Fernando Hidalgo, Víctor Hugo Sánchez Reséndiz, Jesús Peredo, Francisco Suastegui, Elsa Castorela, Norma Zamarrón, Juan José Landa, Gustavo Zapoteco Sideño, Oscar Cortés Palma, Armando Josué López Benítez; y fotografiadas para su documentación por Adalberto Ríos Szalay, Fernando Soto Vidal, Margarita Estrada o Lázaro Sandoval, entre otros.

El camino es sinuoso, pero el objetivo es claro. Me dice Andrés Rubio Zavala que El Dichoso Lugar siempre se ha propuesto generar la participación de la comunidad y acercar a los niños y jóvenes a los cantos y los acordes de la memoria expresada en El Corrido del Sur.

Hasta ahora no hay autoridad que patrocine o subsidie el Encuentro. Todo se hace con la cooperación de los asistentes, algunos donativos de amigos y asociaciones como el Club Rotario Yautepec, y sobre todo bajo la voluntad de los anfitriones. Andrés y su mamá, la maestra Rocío, han trabajado varios meses para que esta convivencia sea posible. El Estado, a través de sus diferentes órdenes de gobierno y sus instituciones culturales no siempre está en todas partes. Es un resquicio de libertad a la creación y la convivencia.

Te esperamos este sábado 30 de septiembre de 2023, a partir de las 13:00 horas hasta el amanecer, para la 7ª Rueda de San Miguel, restaurando desde el canto el valor de la tradición. Casa Tenayo ubicada en calle Morelos No 83, Barrio de Rancho Nuevo, Yautepec.