-Por Cafeólogo R

Entré al mundo del café a los 30 años. No tan joven, no tan viejo. Antes había estudiado dos carreras, Medicina la primera, que nunca ejercí, y Filosofía la segunda, con todo y maestría; trabajé como profesor universitario durante algunos años, fui editor también, traductor, articulista, y los domingos cantaba en un coro. Hasta que un día, me picó el tábano del café y desde entonces la vida torció su curso. Entré a un mundo que todos (dicen) conocen, un mundo líquido que muchos beben, un mundo en el que aparentemente no había valor que descubrir ni aportar, en el que todo está dicho por las grandes marcas y que parecía incluso un retroceso frente a las sendas carreras académicas con milenios de tradición que yo había estudiado. La gente del café lo sabe, cuando te muerde, no te suelta. Doce años después aquí sigo, y quizá aquí permaneceré. No es difícil que algo te guste, pero no es tan común que algo te atrape. ¿Qué me atrapó del café? ¿De dónde me inspiré para un día decirle a mi familia que además de haberme retirado en debut y despedida de la medicina, me retiraba también de la academia y la filosofía? ¿Por qué decidí entrar en algo de donde muchos quieren salir? ¿Por qué creer en el café cuando los campesinos van dejando de creer en él y aconsejan a sus hijos que busquen otras alternativas? Tengo dos razones poderosas, al menos para mí. Va la primera. El café contiene todo lo que me gusta de la vida: ciencia, técnica, procesos, arte, viaje, comida, personas, naturaleza, economía, sociedad, intimidad, historia, cultura, mundo, comunidad. Mi vida profesional está salpicada, condimentada, aderezada de todo esto todo el tiempo, y hace que mi día a día sea un placer y un reto, una satisfacción y un todo por hacer, lleno de cosas que considero que valen mucho para mí y para los demás. Por supuesto hay quien reduce el café al negocio, o al placer gastronómico, o al interés social… yo lo disfruto por todo. Reducirlo es empobrecerlo y empobrecerme. No alcanzaré a abarcarlo en su extensión e intensidad, pero no dejaré de intentarlo. Va la segunda, esta es más filosófica -no dejo de ser filósofo en el café, y de alguna manera tampoco dejo de ser médico en mi relación con las personas del café-. El café es una forma completa y compleja de ser en el mundo. Al mundo venimos a ser, y yo elijo como camino de proyección de ese ser el café. Porque tiene muchas posibilidades para la expresión de la persona; se requiere que el ser humano ponga muchas de sus características, virtudes, talentos, capacidades, para bien estar en el café. Y hay que poner todo de uno y de la mejor manera posible. Si uno no pone todo, entonces no se entiende por qué el café; si uno no se implica completito entonces es difícil decir sí todos los días. Las personas que están en café de forma comprometida lo saben, lo entienden, lo practican, incluso cuando no van de la mejor manera los resultados, incluso en la adversidad. Sí al café porque hace mi vida, y no solo mi taza, más disfrutable, más completa, más interesante y más rica.

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