Karime Díaz

En la historia, de manera constante las mujeres han desafiado las reglas: el matrimonio, la manera de hacer política, los contenidos educativos, los roles de género, la familia, desafían todos los días las ideas más arraigadas y por supuesto, la ciencia no se salva de ello.
De hecho, hoy, desafían mucho de lo que parece establecido en el camino de la arrebatada conquista de los derechos humanos. Ahora imaginémonos lo desafiantes que fueron las mujeres en el sigo XIX. En aquellos tiempos aún imperaba la idea de que la vida en la tierra era gracias a la creación divina. Mary Anning descubrió que en esta tierra hubo especies que ya no están, dejó en evidencia el proceso de extinción en numerosas ocasiones, así como de la evolución de las especies, mucho antes de que Darwin describiera este proceso.
La familia Anning se componía de disidentes religiosos expulsados de la iglesia de Inglaterra y muy, pero muy pobres. Con todo en contra, de 10 hijos, solo Mary y su hermano Joseph sobrevivieron. Su padre Richard era ebanista y le mostró a su hija cómo se buscaban y limpiaban fósiles, que le gustaba encontrar como pasatiempo para después venderlos en su tienda. Pasaban horas en la costa escarpada de Lyme Regis en Reino Unido. Sin embargo, su padre murió de tuberculosis por lo que Joseph empezó a trabajar como tapicero y Mary se vio motivada por su madre para seguir excavando y vender fósiles para poder vivir al día.
Cuando Mary tenía 12, su hermano encontró un cráneo de algo jamás visto, ella excavó minuciosamente un esqueleto completo de una criatura monstruosa de más de 5 metros de largo. Los hombres de ciencia de la época pensaron que era un cocodrilo que por motivos muy extraños pudo haberse desplazado desde tierras desconocidas y lejanas, pero en realidad, era un Ictiosaurio. Mary había descubierto un antiguo reptil marino que había vivido hace unos 250 millones de años y desaparecido hace unos 90 millones de años atrás.
Sin embargo, no todo era miel sobre hojuelas, pues muchos en ese momento desacreditaban sus contribuciones solo por ser mujer, incluso preferían omitir su nombre. Quien describe el Ictiosaurio, Everard Home, omite el nombre de Mary en la publicación, y le acuñó el trabajo de limpieza y preparación del fósil a otro hombre que trabajaba en un museo con tal de no mencionarla y lo más indignante es que le compró el fósil por una cantidad ridícula equivalente a 500 pesos.
Aún así, Mary siguió con sus descubrimientos y con la delicada manera de limpiar restos fósiles logrando llamar la atención de hombres adinerados que apreciaban, reconocían su trabajo y que adquirían sus hallazgos a precios más o menos justos. Gracias a eso, ella pudo ayudar económicamente a su familia y dedicar más tiempo a explorar. En 1823 descubrió un esqueleto completo de Plesiosaurio, una especie totalmente nueva para la humanidad. Pero por supuesto, como lo descubrió una mujer, “debió ser falso”. Se reunió la Sociedad Geológica de Londres, sin la voz de Mary, obvio, para discutirlo y penosamente después de mucho discutir, aceptaron el hallazgo. Pero esta sociedad no admitió mujeres sino 58 años después de la muerte de Mary y la reconocieron de manera póstuma.
Además, la incansable exploradora Mary Anning, descubrió los restos de lo que hoy llamamos Pterodáctilo, sí de esos que vemos en las pantallas grandes de Hollywood, reptiles enormes y alados, los animales voladores más grandes que han existido en la tierra. También fue pionera en el estudio de los coprolitos o cacas fosilizadas que son de suma importancia pues contienen valiosa información de los hábitos de vida de las especies extintas.
Mary sin duda tocó los corazones de muchas personas debido a su persistencia, sus hallazgos fueron fuente inspiración incluso para obras literarias y artísticas en todo el mundo.
Aún con problemas financieros y a pesar de ser una exploradora destacada murió a sus 47 años de cáncer de mama. Hoy esa costa que la vio nacer, crecer, explorar y morir, Lyme Regis, es Patrimonio Mundial de la Humanidad reconocida por la UNESCO y en el Museo de Historia Natural de Londres se exhiben los descubrimientos de Mary Anning: la mujer que vivió en la sombra de la costa jurásica.

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