La Soberana Convención Revolucionaria en Jojutla y su extinción en 1916

 

“Tenemos que destruir y tenemos que crear; que destruir los malos hábitos arraigados en la política, para sustituirlos por otros que sean propios para devolver la salud a lo que hoy es podredumbre y asco”, escribió Antonio Díaz Soto y Gama sobre la realidad del país en los albores del siglo XX. Para el abogado y liberal potosino México requería cambios profundos que transformaran su realidad: “Hay que cambiar nuestro modo de ser nacional”.

La vorágine revolucionaria implicó la pronta muerte de su ingenuo caudillo, víctima de su indecisión y de la traición. Al coahuilense Francisco Ignacio Madero González, que enarboló el Plan de San Luis ‒6 de noviembre de 1910‒, sucedió en el liderazgo su coterráneo José Venustiano Carranza de la Garza, enarbolando el Plan de Guadalupe ‒26 de marzo de 1913- Carranza, traicionando el plan que él mismo defendió, decidió mantenerse en el poder.

La junta de generales, convocada por el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y presidente interino de la República, decidió trasladarse a Aguascalientes, declarándose Soberana Convención Revolucionaria el 10 de octubre de 1914. Desconociendo a Carranza como mandatario, eligió al coahuilense Eulalio Gutiérrez Ortiz como presidente provisional del país. Ahí se decidió integrar un programa político que diera rumbo y certeza a la nación.

El 6 de diciembre de 1914 el gobierno convencionista entró a la Ciudad de México, con las tropas del Ejército Libertador del Sur y de la División del Norte, encabezadas por Emiliano Zapata Salazar y por Francisco Villa, respectivamente. El 31 de enero de 1915, la asamblea convencionista se instaló en el Teatro Morelos, de Cuernavaca y ocho meses después, el 1 de noviembre, declaró a Cuernavaca como capital provisional de la República.

Mermado y dividido, el órgano quedó bajo el control de los surianos, encabezados por Antonio Díaz Soto y Gama. El 18 de abril de 1916, en Jojutla, fue publicado el Programa de Reformas Político-Sociales de la Soberana Convención Revolucionaria, integrando ideas y propuestas de la mayoría de las corrientes de pensamiento revolucionarias. Perseguidos, los restos convencionistas se extinguieron en el Real de Huautla, en Tlaquiltenango.

La ingenua utopía de la Soberana Convención Revolucionaria incluyó la reivindicación de los derechos de los trabajadores urbanos y rurales; la protección de las mujeres y sus hijos víctimas de maltrato; la defensa del municipio libre; el derecho a la educación laica y gratuita; la reestructuración de los tres poderes federales y de las entidades; y, por supuesto, la reivindicación de los derechos de los pueblos sobre tierras, aguas y montes.

Imagen: Gente y plaza de Jojutla (fragmento);

Jojutla, Morelos; ca. 1930. Archivo Jesús Zavaleta Castro.