Margarita González Saravia*

“Conocer nuestra historia es tener identidad con nuestra tierra.”

CAMINOS DE MORELOS EN EL SIGLO XIX

La marquesa Calderón de la Barca, en su recorrido por nuestro estado en el siglo XIX, realiza narraciones minuciosas que nos permiten imaginar los paisajes y las costumbres de diversas partes del territorio morelense en una época donde las poblaciones eran pequeñas y predominaban los grandes espacios rurales. Lo que hoy son ciudades y poblaciones conurbadas, eran entonces, pueblos indígenas y sitios aislados unos de los otros con muchas dificultades de comunicación. También nos deja ver una visión clasista y prejuiciosa de una europea de clase alta sobre el mexicano pobre y humilde. Sin embargo como documento histórico, es interesante rescatar la descripción, que nos da una idea de lo que fue Morelos en esa época.

La marquesa era de origen escocés, su nombre: Frances Eskine Inglis, fue esposa del embajador de España en México quien cumplió esta función en 1839 a 1842, a dos décadas de consumada la independencia, en un país todavía convulsionado y en formación. Tuvo la virtud de relatar de manera cotidiana sus experiencias de viaje, entre ellas, narra su visita y recorrido a Cuernavaca, Atlacomulco, Acapantzingo, Miacatlán, Tetecala y Cocoyotla (en Coatlán del Río). Su intención era conocer las Grutas de Cacahuamilpa y desde la ciudad de México cruzó estas poblaciones para llegar a su destino.

Relata su salida desde la ciudad el primero de febrero de mil ochocientos cuarenta y uno, a las cuatro de la mañana, con rumbo al Ajusco, en una diligencia, cuyos caballos debían ir cambiando en diferentes postas, pues tendrían que caminar ochenta y siete kilómetros (dieciocho leguas) aproximadamente de recorrido. Temerosa de los asaltos en los caminos, cuenta la subida por la escarpada montaña de pinos y desde lo más alto, el bello paisaje al amanecer donde se vislumbraba a lo lejos el valle y “la blanca” ciudad de México. El recorrido de la caravana, siguió pasando por “La Cruz del Marqués” (mojonera puesta por el conquistador para indicar sus propiedades) hasta llegar al pueblo de Huitzilac. Desde ahí comenzó la diligencia a bajar las montañas para llegar al valle de Cuernavaca, antigua Cuauhnáhuac.

Relata el cambio de clima, la belleza de las plantas, las barrancas, la vista del volcán nevado, el Palacio de Cortés convertido entonces en un cuartel militar. Ya muy tarde llegaron al Jardín Borda. Ahí esperaron el arribo del dueño de la hacienda de Atlacomulco (hoy Hacienda de Cortés) el cual les daría posada esa noche.

La hacienda de Atlacomulco, como la mayoría de su época, se dedicaba a la producción de caña de azúcar, sin embargo en la huerta, se sembraba, café, naranjos y limones. Esta hacienda perteneció a Cortés y a sus descendientes, hasta que con los años tuvo otros propietarios. En el momento que describe la Marquesa, el propietario era el duque de Monteleone, cuyo apoderado legal en México, era Lucas Alamán. En esa época estaba rentada por un señor Zaratzua que tenía cerca de cuatrocientos trabajadores. Relata su estancia en la hacienda, sintiéndose, como si hubiera llegado a un paraíso. Narra su visita a caballo al pueblo de Acapantzingo, describiéndolo como el pueblo más hermoso que había conocido en México, por sus limpias calles, manantiales y apancles de agua fresca, flores y hermosas huertas en todas las casas.

Al día siguiente partieron a las tres de la mañana para dirigirse a la hacienda de Cocoyotla, (situada en el hoy municipio de Coatlán del Río). Relata lo difícil del camino; montañas escarpadas, paisajes desérticos, caminos empinados. Después de ocho horas de haber partido de Atlacomulco, decidieron realizar una parada en la hacienda ubicada en Miacatlán, donde el propietario, el señor Pérez Palacio, les dio alojamiento, abundantes alimentos y la posibilidad de descansar un poco para continuar su camino.

Cerca de las cuatro de la tarde emprendieron su ruta, llegando a Tetecala, lo describió como un pueblo hermoso, limpio, de casas grandes y bonitas, donde los habitantes se aprestaban a tener una fiesta de toros. Sin embargo, no se detuvieron a descansar. Después de casi veinte horas de camino, llegaron por fin a la hacienda de Cocoyotla para pasar la noche, siendo recibidos por los dueños de manera hospitalaria. Descansaron cuanto pudieron. Al día siguiente disfrutaron de las huertas de palmas de coco, limones y naranjos. Esta hacienda cañera era el último punto del territorio que hoy ocupa Morelos, parada obligada de los viajeros antes de su partida a las grutas de Cacahuamilpa. Este lugar albergó a personajes famosos como Alexander Von Humboldt, la emperatriz Carlota, Francisco Zarco, y la marquesa Calderón de la Barca.

*Ciudadana Morelense