Parásitos II. Invitados no deseados

 

 

Despertaste con inquietud. Vas a la cocina, tomas un vaso de agua y sientes algo extraño: el agua no sabe cómo antes. Tienes una sensación rara en la boca; ¿es dolor?, ¿entumecimiento? Te diriges al lavamanos para cepillarte los dientes y ver qué es lo que sientes en la boca, como si algo estuviera moviéndose en su interior. Te acercas al espejo y abres la boca: con horror observas que, ahí donde debería estar tu lengua, hay una criatura parecida a una cochinilla que te observa fijamente con sus dos pequeños ojos, retorciéndose con cada impulso nervioso que envías hacia tu lengua… En ese punto, como diría Borges, se deshace tu sueño, como el agua en el agua.

El bicho del sueño es Cymothoa exigua, un crustáceo parásito de peces con un ciclo de vida fascinante: comienza como una larva que, tras ser ingerida por un pez, se adhiere a la lengua del huésped utilizando sus garras especializadas. A medida que crece se alimenta de la sangre de la lengua del pez, eventualmente provocando la atrofia y la caída del órgano. En este punto, el parásito se afianza en el lugar de la lengua, actuando como un sustituto. Los peces parasitados por Cymothoa exigua suelen continuar con su vida normalmente.

De manera general, los parásitos son organismos que viven dentro o sobre otros seres vivos (llamados hospedadores), obteniendo nutrientes y protección a expensas de ellos. Hay diferentes tipos de parásitos, cada uno con sus propias características y formas de vida.

Hace poco hice una pregunta abierta en mi muro de Facebook sobre qué era lo primero que les venía a la mente al leer la palabra “parásito”. Dejando de lado que lo más se repitió en las respuestas fue “políticos” (muy gracioso, a decir verdad), lo siguiente fueron parásitos intestinales y piojos. Los parásitos intestinales son aquellos que infectan el tracto gastrointestinal de los huéspedes. Por ejemplo, las tenias (Taenia solium), un gusano plano intestinal que puede encontrarse en cerdos y humanos. Las personas pueden infectarse al consumir carne mal cocida con larvas de tenia; estas larvas son los llamados cisticercos, que aún siguen causando un enorme terror (mi madre cuenta que cuando era niña, había personas que buscaban carne de cerdo con esas larvas porque sabía muy bien; le decían “tomatillo”).

Otra clase de parásitos son los ectoparásitos, es decir, los que viven en la superficie externa del cuerpo del hospedador. Un ejemplo común son las pulgas, los piojos, ladillas, garrapatas. Estos parásitos tienen una gran importancia médica para las personas (y animales), porque pueden transmitir un sinfín de enfermedades; basta recordar que la peste negra, el tifo, las rickettsiosis son causadas por estos bichos.

También hay parásitos unicelulares, como los protozoarios. Igual que los ectoparásitos, estos bichos son muy importantes para la salud humana y animal. Ejemplos de esto son los Plasmodium (el género que causa paludismo o malaria) y los Tripanozoma, género responsable de la enfermedad de Chagas en América y de la enfermedad del sueño en África.

Los parásitos helmintos, también conocidos como gusanos, son organismos multicelulares que pueden infectar a humanos y animales. Un ejemplo es el Ascaris lumbricoides, un gusano intestinal que puede alcanzar grandes tamaños en el tracto gastrointestinal humano. Por otro lado, los parásitos del cerebro, como el Toxoplasma gondii, son capaces de infectar el sistema nervioso central de los hospedadores. T. gondii puede encontrarse en una amplia variedad de mamíferos y aves, pero solo puede completar su ciclo de vida en el intestino de los felinos, como los gatos domésticos.

En una columna anterior había hablado sobre plantas parásitas, y ahora tocaba el turno de otras formas de vida parasitarias. Son tan sorprendentes que hay un sinfín de referencias en series, caricaturas, películas, etc.

Un ánime muy bueno (disponible en Netflix) es Parasyte: the maxim. La historia se centra en la invasión de la Tierra por parte de parásitos alienígenas inteligentes que se alojan en los cuerpos de los seres humanos y toman el control de sus mentes. El protagonista es un joven llamado Shinichi Izumi, cuya mano es invadida por un parásito, pero sin tomar el control total de su cuerpo y mente. Muy interesante cómo se desarrolla el conflicto entre el impulso del parásito y la voluntad del huésped, mientras Shinichi lucha por mantener su humanidad. El guion aborda la identidad, la empatía y la coexistencia entre diferentes especies.

En Rick y Morty hay un capítulo sobre parásitos espaciales que se infiltran en la vida de los protagonistas inventando recuerdos felices; y en Futurama son memorables las babosas cerebrales que controlan a las personas. Estos dos últimos ejemplos de parásitos que controlan la mente de sus huéspedes no están tan alejados de la realidad. En la naturaleza hay un sinfín de ejemplos de parásitos que controlan caracoles para que se expongan y sean comidos por aves; otros que hacen que los saltamontes se lancen al agua y el famoso hongo Cordyceps que hace a las hormigas zombies y que inspiró los videojuegos y la serie The last f us.

Hace poco me recomendaron el libro This Is Your Brain On Parasites. How Tiny Creatures Manipulate Our Behavior and Shape Society, de Kathleen McAuliffe, donde la autora explica que los parásitos pueden afectar el comportamiento de las personas tanto individual como socialmente; curiosamente, a veces con fines benéficos. Creo que es momento de leerlo.

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*Comunicador de ciencia / Instagram: @Cacturante