Jaime Chabaud Magnus

Una segunda mujer fue citada como testigo para acusar al negro cimarrón Domingo Angola, de oficio titiritero, en ese año de 1621. Tanto la primera de nombre Lucía como ésta, Andrea, eran a su vez cimarronas huidas de las haciendas cañeras del territorio que hoy conocemos como Morelos. Citamos el documento que rescatara del Archivo General de la Nación, ramo Inquisición, Maya Ramos Smith. Todos estos documentos nos fueron proporcionados la gran investigadora del teatro colonial y ésta es la primera vez que se publican (respetamos la ortografía del original):

[14 de octubre, declaración de] Andrea, negra angola, casada y esclaba de Andres larios vecino de quauhme [sic] de edad que dixo ser de treinta años poco mas o menos.

(…)

Preguntada si sabe o presume la causa por que a sido llamada dixo que presumía que era para saber de ella lo que sabia aserca de las echicerias que hasía un negro llamado Domingo de nasion angola, y que por aber estado mucho tiempo en su compañía pues fue mas de año y medio el que estube con el por estar juida de mi amo fuy a dar a su rancheria todo el tiempo que digo, del qual supe como tanbien andaba juido y que fue su amo Don Alonso Gaytan besino de la Villa de Quaunabac y despues lo bendio en Sacatecas, y como sabia ya estos lugares se bolbio aca donde todo el tiempo que le conosi y traté fue robando y asiendo mil imbensiones con unas yerbas que el desía de alla de su tierra y mia, aunque nunca las vi pero otras cosas como era ablar con dos palillos o muñecos y ellos le respondian en lengua conga que yo entendia por ser de alla, y otras beses en español y cantaban en las dos lenguas susodichas y baylaban los bayles que comunmente acostumbran estas dos nasiones. Pedian estos palillos de comer y quando se lo trayan y vian de alli a un rato desian comed vosotros que ya emos comido sin allegar a la comida. Tanbien este dicho negro traya consigfo dos culebras una que quedaba en casa guardandonos a las morenas y la ropa, y otra que llebaban quando yban a hurtar eran de poco mas de media bara de largo cada culebra y pintadas de amarillo y negro. Los muñecos le desian al dicho Domingo el tiempo que era apropiado para ir a hurtar y quando no lo era oportuno le desian agora no es tiempo. Estos palitos o muñecos solia tener bestidos al modo que se suelen bestir los hombres españoles y mugeres. (… a 259v).

AGN, Inquisición, Vol. 486 1a Parte, ff. 254r-v, 257r-259v (254259).

 

​Desconocemos qué sucedió cuando el titiritero fue aprehendido y cuál habrá sido su destino. Lo cierto es que esta joya nos deja más huecos en la historia que certezas. ¿Dónde aprendió el oficio y de quién? ¿Por qué lo juntó con la herbolaria? ¿Realmente era un ladrón y bandolero o fue su pasión por el teatro lo que lo defenestró entre acusaciones falsas? ¿Qué relación sostuvo con estas mujeres? ¿Eran sus ayudantes en la manipulación de muñecos? ¿Sus amantes despechadas? ¿Los testimonios fueron arrancados con tortura? Pues esas y más preguntas detonaron en mi ánimo la escritura de una obra teatral para el equipo de Mulato Teatro que aún está en repertorio y girando que no puede llevar por título sino el nombre de su protagonista: Domingo Angola. Lo cierto es que no era insólita la participación de africanos o indígenas en las compañías de teatro de la época aunque, mayoritariamente, eran los españoles, criollos y mestizos quienes habitaron los escenarios novohispanos. En especial los de las grandes capitales que solían estar bajo estricta vigilancia de los censores del Santo Oficio.

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