Cuando era una niña deseaba crecer y ser independiente. No sabía en ese momento lo difícil que es, pues deben romperse una serie de condicionantes que se cargan sólo por el hecho de nacer mujer.

Hoy día las brechas de injusticia y desigualdad se han cebado con las mujeres. Parece que existiera una mano invisible que nos quiere regresar a “papeles históricos” donde nos tenemos que conformar con depender de una figura, casi siempre masculina; no importa si es una buena o una mala persona.

Pero no renuncio al sueño de imaginar un mundo que es posible, en el cual ser mujer no constituya motivo de preocupación, ni de demostración; tampoco de asunción de responsabilidades ajenas ni de culpa por no cargar con ellas. Mucho menos, de temor, de minusvaloración o de silencio.

Un mundo donde los seres humanos seamos y convivamos sin etiquetas, con el gran compromiso de ser los garantes de cuidarlo y hacerlo mejor.

María Dolores Martínez Verganzo

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