De izquierda a derecha: Maritza Islas Vargas, Fausto Quintana Solórzano, Israel Solorio F. Sandoval, Gabriela de la Mora de la Mora y Alejandra González Bazúa. Fotografía: Bárbara Desirée / CRIM

El pasado noviembre se llevó a cabo la 27a Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2022, mejor conocida como la COP 27, en Sharm el-Sheij, Egipto. Las COP son conferencias que se realizan anualmente con distintas sedes para evaluar el avance de y las medidas que se han tomado a nivel global con respecto al cambio climático. Las conferencias suelen apreciarse como insuficientes y suelen ser ampliamente criticadas en distintos niveles.

El Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias (CRIM) de la UNAM campus Morelos, organizó la Mesa de análisis «Balance sobre la Conferencia Climática en Egipto (COP27) que se llevó a cabo el pasado 08 de diciembre en las instalaciones del CRIM y contó con la participación de las y los académicos Maritza Islas Vargas, Israel Solorio F. Sandoval, Alejandra González Bazúa y Fausto Quintana Solórzano por parte de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM; y Gabriela De Mora De la Mora por parte de la institución anfitriona.

Para poner en contexto como han actuado las COP, Islas Vargas comentó: “No se está visualizando que haya realmente una reducción de las emisiones [de gases de efecto invernadero], sino más bien estamos apuntando ya a aceptar la duplicación de ese límite”, especificando que “si los países cumplieran con lo que prometieron en sus compromisos nacionalmente determinados, estaríamos alcanzando un aumento del 16 por ciento de las emisiones, cuando tendríamos que estar hablando de una reducción del 45 por ciento”.

Dentro del marco de la sociología del tiempo, González Bazúa invitó a “leer esta conferencia en particular, en el marco de todas las conferencias anteriores, desde el proceso iniciado en 1992”, ya que esto permite entender “las disputas del cambio climático en clave del futuro”. Ya que no nos estamos disputando únicamente el presente, sino también diversas formas de entender el porvenir. La académica agrega que esta es una herramienta potente ya que posibilita mirar “los futuros de quienes están en las calles, de quienes están afuera [de la COP], que muchas veces tienen visiones de porvenir que son contrarias a las visiones de quienes toman la palabra en las conferencias”, como lo son las de las comunidades indígenas, a quienes no se les convoca a estas conferencias.

Las académicas plantearon que uno de los problemas de fondo es cómo se percibe al cambio climático como un problema de emisión de gases y no como un problema de relaciones sociales. Al respecto Islas Vargas apuntó sobre las “relaciones sociales de explotación, de dominación, que tienen que ver con esta idea de que hay una separación sociedad-naturaleza y que entonces el cambio climático es solamente un problema biofísico […] cuando en realidad lo que está atrás de este problema es una lógica vinculada a un modo de producción que se basa en la generación infinita de ganancias”.

Para cerrar, dejando espacio a la esperanza, de la Mora agregó: “este es un nuevo momento, está la posibilidad de generar una interacción entre la ciencia y otros actores. Es importante estar abierto a nuevas ideas, colocarte en otro punto de vista, para poder pensar de manera conjunta y colectiva potenciales soluciones, o sino, reflexionar otras formas para generar conocimiento o tener acciones que nos permitan mejorar este mundo y tener una visión del futuro más optimista”.

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