INSABI, la muerte de un nonato

Héctor H. Hernández Bringas*

El pasado 26 de abril del año en curso, y más tarde el día 29 en el Senado, iniciaron las exequias de un organismo público que no terminó de nacer: el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (INSABI). En escandalosas sesiones en las dos Cámaras en las que, sin discusión previa, en Fast Track, se aprobaron 20 leyes, una de las cuales contempla la desaparición del INSABI.

En enero de 2020, el titular del INSABI, antropólogo Juan Ferrer, decía que el inicio de la operación de ese organismo, significaba un momento histórico para México, ya que brindaría servicios de salud gratuitos y de calidad a todas las personas (más de 60 millones, según se afirmó) que se encuentren en el país y no cuenten con seguridad social; bajo criterios de universalidad, igualdad e inclusión; se afirmó también que habrá atención universal para todos los padecimientos, incluidos los que generan gastos catastróficos; La población recibirá medicamentos gratuitos y demás insumos requeridos para sus tratamientos sin el pago de cuota alguna. Se reclutaría a nuevos médicos y enfermeras con sensibilidad social, con alto sentido de la ética profesional y dispuestos a trabajar en las regiones de mayor marginalidad del país.

Sólo buenos propósitos, porque ninguno de ellos se cumplió. Claro que la intensión era inobjetable, pero simplemente nunca se echó a andar. ¿Por qué? No hay mucha información, pero de lo que se sabe es que el padrón de beneficiarios de los que era el Seguro Popular, simplemente se suprimió, dejando sin acceso, de golpe y porrazo, a millones de personas. Se eliminó, sin que existiera una alternativa, el sistema de compras consolidadas porque, según se dijo, estaba plagado de corrupción y colusión de funcionarios y empresas farmacéuticas, sin que por cierto se haya iniciado ninguna investigación judicial al respecto, aunque es indudable que la corrupción existía. Asimismo, se centralizaron los recursos y los estados que se adhirieron al sistema limitaron fuertemente su operación; por último, en atención a diversas razones, que van desde las condiciones de inseguridad, hasta salaros bajos y magras prestaciones, no pudo ser contratado nuevo personal médico: los importamos de Cuba, como una estrategia que, además de insuficiente, tenía más la finalidad de otorgar recursos (“solidariamente”) al Gobierno de la Isla.

El INSABI fue un proyecto que surgió sin planeación alguna y se perdió una oportunidad de oro, (habida cuenta el gran respaldo del que gozaba el nuevo gobierno), de crear un sistema universal de salud, que rompiera de una vez por todas el esquema corporativista y segregativo que existe en la actualidad: tienen acceso a la salud los trabajadores formales y sus familias afiliados principalmente al IMSS o al ISSSTE, en tanto que los trabajadores informales (que en México y en Morelos alcanzan el 60% de la población activa), carecen de seguridad social y de acceso a la salud.

Hoy la nueva apuesta del gobierno federal es el IMSS – Bienestar. Surge de un sistema prexistente que en su versión más remota era el IMSS – COPLAMAR, organismo creado para brindar servicios de salud a población marginada principalmente de zonas rurales. A diferencia de aquél, el nuevo esquema atenderá a la población marginada de todo el país. Pero es más de lo mismo. En materia de salud continuaremos con población de primera (en el IMSS e ISSSTE, sin considerar por el momento el tema de la calidad), y población de segunda (en el IMSS – Bienestar).

Pero también otros cuestionamientos se hacen evidentes: los recursos que se destinan a la atención de la salud no se han incrementado y la pregunta es ¿cómo se logrará un sistema de salud ya no digamos Similar al de Dinamarca, sino medianamente digno, con los mismos recursos? El Gobierno mexicano destina apenas el 2.5% del PIB a la salud, cuando la recomendación internacional es del 6%. La población, de su bolsillo, destina la misma cantidad que el gobierno para hacer frente a sus requerimientos de consultas privadas, medicamentos, estudios de laboratorio, procedimientos quirúrgicos, etc.

La otra cuestión es la infraestructura. Ya en entregas anteriores documentábamos la pobreza de la infraestructura para la salud en México y el estado de Morelos. En la entidad, hay municipios que tienen uno o hasta tres consultorios públicos para la atención de la población, y la gran mayoría carecen de camas de hospital.

La nueva propuesta que sustituye al INSABI, de nueva cuenta y lamentablemente, carece de un ejercicio sólido de planeación, y no parece estar respaldada con los recursos financieros, materiales y humanos indispensables.

*Investigador del CRIM de la UNAM en Cuernavaca

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