De nuevo Morelos le vuelve a demostrar a México por qué en 2022 ocupó el primer lugar en personas desaparecidas. Los casos de Lesly “N” en Jojutla y de varios miembros de una familia en el municipio de Emiliano Zapata, han conmocionado de nueva cuenta a la opinión pública, ya alarmada por los sucesos de Huitzilac. 

Aunque las autoridades municipales también se han visto indignadas, poco pueden hacer si no es apoyar en las labores de búsqueda y, como en el caso de Jojutla, aportar las escasas grabaciones que se pueden conseguir para verificar su paso por el municipio. 

Al parecer, Lesly podría haber sido víctima de una persona a la que le tenía confianza que hoy se encuentra también desaparecido -aunque presumiblemente por voluntad propia-, y la familia quizá sintió la seguridad de viajar en grupo para aceptar abordar un taxi sin placas de regreso a su hogar. Es decir, en estos casos medió una decisión de las presuntas víctimas. 

De acuerdo a cálculos del investigador del CRIM de la UNAM en Cuernavaca, Héctor Hernández Bringas, hacia finales del año pasado en nuestro estado desaparecían dos personas diariamente. “El promedio nacional es de 71 desapariciones por millón de habitantes, cifra de por si grave. En Morelos desaparecen ¡348 por millón!: cinco veces más del nivel nacional y muy, muy por encima de lo que se registra en la mayoría de las entidades federativas”, escribió en estas páginas hace algunas semanas. 

El especialista, además, nos informó que, del total de desapariciones en lo que va del siglo en Morelos, el 78 por ciento se ha verificado a partir del 2018. 

Como se ve, las desapariciones, por las que se está caracterizando nuestro estado, no es algo viejo o una situación heredada de otras administraciones y es un hecho por el que sí será juzgado este gobierno pues sus acciones y omisiones de alguna forma han fomentado que el flagelo de las desapariciones prospere como le ha hecho. 

Alguien podría alegar como atenuante que en esta circunstancia podrían intervenir otros factores como incremento de la pobreza, mayor presencia del crimen organizado o hasta la pandemia, pero, había que recordar que tales factores también los experimentan otras entidades, algunas incluso con mayor presencia de bandas criminales y, a todas ellas, Morelos ha dejado muy lejos en este nefasto récord negativo. 

Este es un serio indicador de la eficiencia de nuestras instituciones que parecen cifrar todas sus esperanzas en la Guardia Nacional y han olvidado a la vilipendiada seguridad municipal. 

Ojalá aparezcan los desaparecidos, y ojalá lo hagan con vida todos ellos. Por lo pronto deberíamos tomar las medidas para que casos como el de Lesly y el de la familia de Emiliano Zapata, si no se pueden evitar, por lo menos no permanezcan impunes. 

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