Antes de ponerse de moda y convertirse en etiqueta política, militar en la izquierda, ser izquierdista, fue una profesión de alto riesgo en nuestro país.

Ser “rojillo” era estar en la mira de los servicios de seguridad que, como se ha demostrado en diversas ocasiones, solían ser inflexibles y eficientes a la hora de actuar, muchos de aquellos acabaron en Lecumberri o perdidos en la niebla del olvido, desaparecidos para siempre.

Margarita González Saravia desde adolescente fue simpatizante de corrientes como la Teología de la Liberación y, ya joven adulta, militante convencida y activa de ese tipo de agrupaciones que le sacaban urticaria al aparato estatal; no es de sorprender que su familia viviera angustiada sobre todo en aquellos años en donde no existían los celulares, “pobrecitos, siempre estaban preocupados”, nos dijo. Aunque, hay que reconocer, su paso por esas agrupaciones no la convirtieron en guerrillera, sino en una activista política comprometida con las necesidades de las bases sociales a las que apoyaban esos movimientos.

Desde esas peligrosas trincheras atestiguó la evolución de la verdadera izquierda mexicana, de la clandestinidad hasta la izquierda institucionalizada en partidos políticos reconocidos legalmente y activos públicamente. Así colaboró de manera cercana con Heberto Castillo, por ejemplo.

No ha habido virajes en su ideología, comunes en la clase política mexicana, y siempre se ha mantenido congruente con el espíritu social de la auténtica izquierda, lo que la convierte en una singularidad en el contexto en el que ahora se encuentra inmersa y desde el que buscará, en su momento, la candidatura de MORENA a la gubernatura de nuestro estado.

Algunos podrían pensar que juega con ventaja pues conoce al Presidente de la República desde hace décadas y fue él quien la buscó para que ocupara su actual encargo al frente de la Lotería Nacional pero, como menciona en la entrevista que hoy se publica, ella no buscó -ni el Presidente ofreció, porque no es su estilo- la bendición del alto poder.

Así es que desde MORENA, uno de los herederos de la vieja izquierda combativa, arropada por su experiencia social y convencida de que tiene un plan de gobierno plausible para Morelos, buscará primero la candidatura -ella sí cree en las encuestas de su partido- y, llegado el caso, la gubernatura.

Por lo pronto, varias cosas quedan claras, la más obvia es que la riña por “esa” candidatura va a ser de pronóstico reservado.

Otras, que Morelos ha sumado necesidades y agravios a lo largo de mucho tiempo y que, sea quien gane las elecciones de 2024, tendrá mucho trabajo.

Finalmente, otra cosa que queda clara es que las expectativas son también muchas y que el nuevo, o nueva, gobernante deberá empezar a actuar con una prontitud y eficiencia a la altura de la esperanza de la gente.

Por el momento, como también nos han dicho otros contendientes a la candidatura de Morena, Margarita González, esperará el momento oportuno, es decir, cuando la ley lo permita y su partido dé el banderazo de salida, para dar a conocer su proyecto de gobierno y tratar de convencer al electorado que es el más adecuado para la entidad.

La Jornada Morelos seguirá de cerca la evolución de todo este proceso, tanto en MORENA, como en el resto de las fuerzas políticas, que también tienen sus prospectos y sus planes. Esperemos que todo esto sea en beneficio de la gente y del estado de Morelos.

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